Ahora, mis queridos compañeros de viaje, sigamos nuestro recorrido por una de las calles más pintorescas y encantadoras de Arcos de la Frontera. Su angostura, cual abrazo de piedra, nos ofrece una sombra refrescante que convierte este paseo en un deleite, especialmente durante los ardientes días de verano. ¿Acaso no se han percatado de que se produce un eco al hablar? Cada palabra, cada susurro, se refleja con una claridad que nos habla del pasado.
Alzando la vista, admirad las casas-palacio que se asoman con dignidad al acantilado, nuestra amada Peña. Entre sus moradores se encuentra la noble familia Maldonado, dueña de vastas tierras en nuestra comarca. Con frecuencia, mi esposo recibe la invitación para participar en las jornadas de caza que organizan en sus dominios. Y ahora, al llegar a este azulejo que adorna la calle, contemplad las dos llaves de San Pedro, que nos indican el inicio de la barriada que lleva su santo nombre. Sigamos pues, mis buenos amigos, hacia la iglesia de San Pedro que nos espera.



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