Llegamos aquí a la última parada del camino, tras recorrer la calle (C/.Torres) que discurre en paralelo a la ronda de muralla para acercarnos a la Vieja Puerta del Cómpeta. Una torre-puerta de planta cuadrada, propia de la arquitectura andalusí, para facilitar la defensa de Arcos en la que se accede a dos estancias abovedadas para entrar en la ciudad en un entorno muy escarpado por la cercanía de la Peña.

La Puerta fue concebida como un paso estratégico de difícil acceso y construida con un trazado en recodo que impedía una entrada directa, dificultando así cualquier intento de ataque enemigo. A pesar de su valor defensivo, este trazado ha resultado ser complicado en nuestros tiempos (s. XV) para las necesidades cotidianas de tránsito y comercio, especialmente para quienes, desde el barrio extramuros o desde las villas de la Sierra, llegan hasta la Plaza del Castillo.

Por ello, tal y como comentamos en la anterior parada, se ha considerado necesario abrir un nuevo paso en la muralla que permitirá un tránsito más amplio y directo. La Puerta del Cómpeta, con su trazado cerrado y ubicación tan abrupta, ha dejado de servir a las nuevas necesidades de la ciudad..

Actualmente (1495) en el entorno de la puerta, algunos habitantes aprovechan los tapiales arruinados de la muralla para la ampliación de sus hogares, al encontrarse este tramo en paulatina ruina, pues la última reforma de la Puerta y de esta parte de la muralla tuvo lugar hace unos 100 años (1375 – 1400). La piedra se resiente, los muros ceden y la vida continúa adaptándose.

Por su parte, el barrio del Cómpeta, que se extiende extramuros más allá de esta puerta hacia la ladera orientada al Guadalete, fue desde sus orígenes un espacio habitado por labradores, arrieros y comerciantes. Muchos de ellos, descendientes, como en mi caso, de familias andalusíes que no abandonaron la villa tras su paso a manos cristianas, y han mantenido aquí hogares, huertos, oficios e inclusos sus creencias. Como médico, he visitado muchas veces estas casas, curando dolencias, escuchando historias y atendiendo a los moradores de este barrio, poblada de gente humilde y trabajadora, al margen de los grandes lujos de la nobleza e hidalgos de la ciudad intramuros, pero de gran importancia para la vida económica y social de Arcos.

Al contemplar esta antigua puerta y el barrio que se extiende más allá de la ladera, recordemos que la historia de Arcos no se escribió solamente entre nobles y castillos, sino también en estas cuestas y calles, donde la vida de gentes más humildes se abre paso con esfuerzo, constancia y esperanza, paso a paso y generación tras generación.



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