Llegó la hora de despedirnos de vuestras mercedes... Ha sido para mí un honor y un placer caminar a
vuestro lado por las callejas, puertas, murallas y torres de nuestro Arcos de la Frontera, desgranando
con palabra sencilla la historia que, como vetas en las piedras, aún perdura en cada rincón de estas
tierras.
Hemos recorrido juntos los vestigios de un pasado glorioso y a veces doloroso, desde los días del Arkus
andalusí en los siglos XI y XII, pasando por la llegada de los cristianos en el siglo XIII y la definitiva
incorporación de nuestra villa al Reino de Castilla en 1264. Y no menos importantes, los grandes cambios
del siglo XIV que trajeron consigo la transformación cristiana de la ciudad y este siglo XV que ya declina,
tiempos de convivencia, de fronteras y luchas por el alma de esta ciudad y de silencios cargados de
memoria. Aquí, en Arcos, cada piedra cuenta: la que aún resiste en lo alto de la muralla, la que forma el
arco de una puerta olvidada, la que sostiene la torre de un templo por construir o el umbral de una casa
humilde. Aquí se entrelazan los ecos de las oraciones dichas en árabe o en castellano; los cantos de
zéjeles1 antiguos y los toques de campanas recién fundidas. Y en cada esquina hay una historia por
contar.
Os invito, pues, a no quedaros solo con lo visto hoy. Volved. Volved a estas estrechas calles que huelen
a cal y a pan, que susurran al oído cuando el sol declina y la sombra se alarga. Explorad más allá de los
muros: los barrios, los patios, los restos de aljibes, los altares nuevos sobre cimientos viejos... En cada
uno hallaréis un fragmento de esa gran historia tejida por musulmanes y cristianos que, con sus penas
y esperanzas, levantaron estas tierras.
Mi gratitud por vuestra escucha y compañía. Que la paz, el saber y la curiosidad os guíen siempre en
vuestros caminos. Y si algún día volvéis a Arcos —que así espero—, buscadme en alguna calle
empedrada, quizás atendiendo a algún enfermo, quizás recordando estas mismas palabras.
Samir (Arcos de la Frontera, 1495)