Ante nuestros ojos tenemos los restos de lo que en tiempos pasados fue una torre de vigilancia o atalaya edificada en una de las partes más altas de Arcos (junto a una de las Puertas del primer trazado murario de la villa 12), perteneciente a la estructura defensiva del antiguo Arkus andalusí, cuando la villa era un destacado enclave en Al-Ándalus (ss. VIII – XIII).

La importancia estratégica de nuestra ciudad permitió controlar todo el territorio circundante, así como las rutas de comunicación y comercio entre la sierra y la campiña. Desde aquí, las tropas de la guarnición arcense no solo defendían el territorio, sino que también vigilaban el tránsito de tropas, mercancías y noticias entre las villas más cercanas, como Sharis, Asbira y Madinat Ibn al-Salim (conocida en estos tiempos como Xerez, Espera y Medina Sidonia, respectivamente). La vieja atalaya que aún podemos vislumbrar, aunque en estado de ruina, permitía avistar cualquier movimiento hostil desde la lejanía, ofreciendo tiempo para organizar la defensa de la ciudad. De este modo, Arkus jugaba un papel crucial en la red de control territorial y fronterizo que los musulmanes mantenían sobre la comarca, especialmente con la llegada de las tropas cristianas en la segunda mitad del s. XIII.

Esta antigua torre ya hace siglos que no cumple esa función militar, pero su presencia sigue siendo testigo de la historia fronteriza de lucha y resistencia entre musulmanes y cristianos. Por otra parte, esta parada tiene otro simbolismo importante, pues aquí, en este mismo emplazamiento, he escuchado al clero de Santa María discutir sobre la construcción de una nueva iglesia dedicada a San Pedro Apóstol y los restos de la estructura de esta histórica torre parece ser que serán aprovechados para la construcción del Altar Mayor del nuevo templo. La gran obra será patrocinada por algunas de las familias más prominentes de Arcos, destacando a los Ayllones, los Virués y los Espinosa, quienes han mostrado su devoción y compromiso con el engrandecimiento de la ciudad. Esta nueva iglesia, erigida sobre los vestigios de la antigua fortaleza, será un puente entre el pasado islámico y el presente cristiano, recordándonos que la historia de Arcos está escrita por diversas culturas que, a lo largo de los siglos, han dejado su huella en esta tierra.

Así, al mirar los restos de esta torre, nos encontramos ante una auténtica encrucijada de tiempos: el recuerdo de la defensa del territorio en época andalusí, la trasformación de este espacio en un símbolo cristiano de devoción, y, sobre todo, un reflejo de cómo nuestra ciudad sigue siendo un punto de encuentro entre el pasado y el presente.

12Trazado hipotético de la muralla (Plano Parada 1) en el que una de las puertas del primer recinto amurallado (ss. IX-X) se encuentra en el área de esta ubicación.



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