En este patio9 de la casa de D. Juan de Ayllón escuchamos uno de los más bellos sonidos de la naturaleza: el agua. Protagonista otrora en muchos hogares de lo que mis antepasados llamaban Al-Ándalus, legado que a día de hoy podemos ver en muchas casas de los grandes señores de Arcos a través de sus fuentes, albercas, pozos y aljibes. Agua, fuente de pureza y vida, que nos regala un ambiente fresco idóneo para el descanso y la reflexión, que fluye y corre a través de las fuentes y acequias, saciando a los árboles y plantas de este jardín.
Los aljibes y pozos son otros de los elementos en las casas de nuestra ciudad. El aljibe, cisterna subterránea, almacena el agua de la lluvia, para los interminables y largos veranos que padecemos en Arcos. Este sistema de almacenamiento nos recuerda la importancia de conservar el agua como uno de nuestros bienes naturales más preciados, especialmente cuando la sequía hace aparición. Los pozos, por su parte, nos permiten extraer el agua subterránea, esenciales para nuestra vida cotidiana y muy comunes en la mayoría de patios de las grandes casas de Arcos, como el que tiene D. Juan en la esquina de unos de sus patios porticados.
En el aspecto religioso el agua tiene especial importancia. Por un lado, en la vida cotidiana de los musulmanes, antes de orar realizan las abluciones, un ritual de purificación física y espiritual que prepara cuerpo y alma para la oración. El agua en Al-Ándalus era un medio de conexión con lo divino, un acto de reverencia ante una bendición que fluye de la creación de Dios. Por otro lado, como converso al Cristianismo, el agua tiene para mí un nuevo significado. Para los cristianos el agua también es sagrada, siendo protagonista en el bautismo, rito de iniciación que limpia el alma del pecado original. El bautismo tiene una fuerza simbólica similar a las abluciones, pues también busca la purificación, pero esta vez no solo del cuerpo, sino del alma en su totalidad. Al igual que en el Islam, el agua se convierte en un medio de encuentro con lo divino, aunque en otro sentido diferente, pues en el Cristianismo es el sacramento que nos une a Cristo, dándonos nueva vida en él.De la calma del jardín pasamos ahora al Torno de la Casa de los Expósitos, también conocido como Hospital de la Santa Misericordia (C/. Cuna), donde antaño el torno giraba en silencio y los destinos cambiaban sin palabras.
9Casa-Palacio con numerosas reformas desde el s. XX por lo que todo aquello que vemos hoy, es muy diferente a lo que nos describe Samir a finales del s. XV.