Aquí, donde se encuentran las Escribanías, en una de las cuales desarrolla su labor mi buen amigo Don Alonso, el Escribano7, encontramos una de las muchas estrechas y sinuosas calles que desde hace siglos forman el entramado urbano de Arcos. A un lado y a otro de la calle, encontramos casas con fachadas sencillas, blancas y muy austeras con bonitos portones que esconden en su interior patios llenos de algarabía donde discurre la vida cotidiana de las casas, con el particular sonido del agua a través de sus fuentes que riegan los jardines y árboles que aportan sombra para combatir la fuerza del sol.

Las estrechas calles son un espacio común de bullicio durante el día en el que nobles, clérigos, comerciantes, artesanos, campesinos y demás vecinos comparten el día a día, hasta que, llegada la noche, el bullicio de la mañana y la tarde da paso al silencio, interrumpido por el trote de los caballos de las tropas del Alcaide8 y por la luz del fuego de las antorchas. Además, el trazado sinuoso e irregular de nuestras calles no sólo facilitan su defensa, sino que nos dan sombra, aminoran o acrecientan el viento y facilitan la amistad y la buena convivencia entre los arcenses.

De las letras de los escribanos pasamos ahora al sosiego: encaminémonos hacia el Jardín Andalusí, donde aún susurra el agua memorias de Al-Ándalus.

7 Funcionarios públicos que daban fe de documentos y escrituras. Su presencia o firma les permitía dar legitimidad a cualquier acto.

8 El alcaide era, desde la Edad Media, el gobernador o el máximo jefe militar y oficial jurisdiccional de un alcázar, castillo o fortaleza. Sus facultades eran de diferente orden y se extendían tanto a la jurisdicción civil como a la criminal, tanto al gobierno militar como al político.



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