Mira abajo, donde el agua sigue su eterno viaje. El Guadalete se desliza tranquilo, dibujando un sendero
líquido entre las dos peñas que dan alma a esta ciudad. A sus orillas, la vegetación se arremolina,
formando un bosque de ribera que respira al ritmo del agua.
Este es un refugio, un corredor verde donde la naturaleza encuentra su espacio. Álamos y fresnos
inclinan sus ramas hacia la corriente, mientras los sauces llorones besan la superficie. En primavera, el
aire se llena de aromas frescos y el canto de los jilgueros.
Sigamos el río con la mirada y descubriremos el sendero que une las peñas, donde la sombra de los
árboles nos envuelve y las huellas de pequeños animales marcan la tierra húmeda. Garzas, mirlos y
nutrias encuentran aquí su hogar.
Este bosque de ribera es un ecosistema vibrante. Camina con el río, escucha su voz y guarda en la
memoria este rincón donde la tierra y el agua se abrazan. Vamos al siguiente punto, que como bien me
decía mi abuelo, la mejor vista en Arcos, siempre está por llegar.