Sean bienvenidos al lugar que me vio nacer, mi hogar y hogar de mis antepasados: Arcos de la Frontera, una pequeña y bella ciudad del Reino de Sevilla que en tiempos de los antiguos Reyes Fernando III y Alfonso X (s. XIII) fue un conflictivo territorio fronterizo entre los Reinos de Castilla y de Granada, tras la entrada de las tropas alfonsinas en la campiña xerezana, en esta guerra entre fronteras que aún hoy se mantiene en las tierras más cercanas a la capital nazarí.

En esta plaza llamada del Castillo1, donde se funden cielo y tierra, es donde Arkus, llamada así en la lengua de mis antecesores andalusíes, tiene su origen en tiempos remotos del Emirato de Córdoba (s. VIII). Donde hoy vemos el Castillo de los Ponce de León se construyó una pequeña fortaleza, que los antiguos llamaron Qal'at al-Nusur (Fortaleza de las Águilas), al estar en el punto más alto para controlar el vasto territorio que baña el valle del río que nos rodea: el wādī Lakka o Guadalete. En torno a esa pequeña fortaleza, que ampliose más adelante como Alcazaba, muchas familias de origen bereber2 hicieron de este lugar su hogar, formando la Medina de Arkus, en la antigua cora3 de Sidonia (Shiduna). Una Medina que fue creciendo con el paso del tiempo hasta la creación de la Taifa de Arkus (1012), fundada por la dinastía bereber de los Banū Jizrūn hasta que varias décadas más tarde (1069) fue conquistada por la Taifa de Sevilla del rey Al-Mutamid. En este período de nuestra historia es cuando nuestra ciudad alcanzó su máxima expansión con la construcción de las nuevas murallas y sus tres puertas.

1 En vuestra época “Plaza del Cabildo”.

2 Etnias autóctonas del norte de África.

3 División territorial en Al-Ándalus similar a una provincia.



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